viernes, 3 de julio de 2009
Greguerías y filosofía
sábado, 27 de junio de 2009
Tres muertes
jueves, 25 de junio de 2009
Edad para tomar decisiones
domingo, 21 de junio de 2009
Decálogo del escritor
Para quienes gustan de y quieren escribir, y para quienes no, aquí dejo el DECÁLOGO DEL ESCRITOR de Augusto Monterroso, de su obra Lo demás es silencio.
Primero.
Cuando tengas algo que decir, dilo; cuando no, también. Escribe siempre.
Segundo.
No escribas nunca para tus contemporáneos, ni mucho menos, como hacen tantos, para tus antepasados. Hazlo para la posteridad, en la cual sin duda serás famoso, pues es bien sabido que la posteridad siempre hace justicia.
Tercero.
En ninguna circunstancia olvides el célebre dictum: "En literatura no hay nada escrito".
Cuarto.
Lo que puedas decir con cien palabras dilo con cien palabras; lo que con una, con una. No emplees nunca el término medio; así, jamás escribas nada con cincuenta palabras.
Quinto.
Aunque no lo parezca, escribir es un arte; ser escritor es ser un artista, como el artista del trapecio, o el luchador por antonomasia, que es el que lucha con el lenguaje; para esta lucha ejercítate de día y de noche.
Sexto.
Aprovecha todas las desventajas, como el insomnio, la prisión, o la pobreza; el primero hizo a Baudelaire, la segunda a Pellico y la tercera a todos tus amigos escritores; evita pues, dormir como Homero, la vida tranquila de un Byron, o ganar tanto como Bloy.
Séptimo.
No persigas el éxito. El éxito acabó con Cervantes, tan buen novelista hasta el Quijote. Aunque el éxito es siempre inevitable, procúrate un buen fracaso de vez en cuando para que tus amigos se entristezcan.
Octavo.
Fórmate un público inteligente, que se consigue más entre los ricos y los poderosos. De esta manera no te faltarán ni la comprensión ni el estímulo, que emana de estas dos únicas fuentes.
Noveno.
Cree en ti, pero no tanto; duda de ti, pero no tanto. Cuando sientas duda, cree; cuando creas, duda. En esto estriba la única verdadera sabiduría que puede acompañar a un escritor.
Décimo.
Trata de decir las cosas de manera que el lector sienta siempre que en el fondo es tanto o más inteligente que tú. De vez en cuando procura que efectivamente lo sea; pero para lograr eso tendrás que ser más inteligente que él.
Undécimo.
No olvides los sentimientos de los lectores. Por lo general es lo mejor que tienen; no como tú, que careces de ellos, pues de otro modo no intentarías meterte en este oficio.
Duodécimo.
Otra vez el lector. Entre mejor escribas más lectores tendrás; mientras les des obras cada vez más refinadas, un número cada vez mayor apetecerá tus creaciones; si escribes cosas para el montón nunca serás popular y nadie tratará de tocarte el saco en la calle, ni te señalará con el dedo en el supermercado.
Para que se queden en diez y resulte, así, un decálogo, el autor da la opción al escritor de descartar dos de estos enunciados, y quedarse con los restantes.
domingo, 14 de junio de 2009
Juguetitos caros
sábado, 13 de junio de 2009
Precio del combustible
viernes, 12 de junio de 2009
Esclavitud
Día contra el trabajo infantil
jueves, 11 de junio de 2009
La autoestima y el banco
martes, 9 de junio de 2009
Conductores y cuentakilómetros
Muerte digna
sábado, 30 de mayo de 2009
Método de selección y reconciliación política
jueves, 28 de mayo de 2009
XXI: Siglo de la ecología
jueves, 14 de mayo de 2009
A vueltas con la escuela y los ordenadores
martes, 5 de mayo de 2009
El mundo: responsabilidad compartida
...La industria bélica cuenta con el poder suficiente para acabar con nuestra civilización.
El deterioro del medio físico pone en peligro la especie humana.
La degradación del medio social (léase injusticia, terrorismo, delincuencia, insolidaridad) amenaza la convivencia.
La desigual parcelación del mundo provoca que millones de seres humanos se mueran de hambre todos los años...
Ciertos sistemas, instituciones y personas se convierten en lo absoluto y pueden precipitar al mundo hacia su destrucción. El mal, en el fondo, está en que aquí y allá el mundo está gobernado, descansa sobre los hombros de personas que no han llegado a ser adultas; se endiosan y no son capaces de dominar su propio poder; sucumben a él y caen víctimas de otras cosas.
Hay, pues, motivos para el pesimismo. Pero no los hay para la deserción. Nadie tiene derecho a desentenderse del mundo, porque nadie es inútil o está de balde en él. El mundo, su presente y su futuro, es responsabilidad de todos. Todos debemos salir de nuestro escondite y unirnos para buscar la solución más adecuada para este caos del mundo. Comienza a superar el egoísmo, los prejuicios, las ideologías, y entonces estarás dando “vida” al mundo y haciéndole más feliz. [El subrayado es mío].
Félix J. Moratiel Villa.