Estoy hasta las/los mismísimas/mismísimos (no es por la corrección política del lenguaje) de que nos traígan la ciudad a los pueblos, a los campings o campinges y, sobre todo, al campo.
Reivindiquemos la excelencia de la ciudad: comunicaciones fáciles, servicios de ocio a tutiplén, diversión a raudales y/o mantas, sanidad a mano, comercio a la puerta del coche, ruido a mansalva, y un largo, larguísimo, etcétera que hace las delicias de las-os 'ciudaderinas-os' y "ciudadófilas-os"... (ante todo, que no se me olvide, lenguaje políticamente correcto).
Dejadme en paz, llamadme pueblerino... (y, si gustáis, -ina, no me ofendo, pero no es, en este caso, ni lingüística ni políticamente correcto) y marchaos a vuestra ciudad, o asumid la vida en el pueblo, en el camping y en el campo, como es... como tiene que ser.
Falta un día para el Día de Acción del Blog.